lunes, 4 de enero de 2021

CUATRO MIL DOSCIENTOS DIEZ

 




Hoy sí puedo decir sin temor a equivocarme que he visto una película maravillosa y que he pasado un día excepcional, ya que he aprendido un poco más a apreciar la vida tal cual, como viene, sin querer cambiar nada, solo disfrutar y agradecer.

Empezando por la mañana, cuando me he despertado he sentido esa especie de medio temor que me acompaña desde hace días, como una sombra que me obliga a superar una especie de miedo a no poder ir a las citas que tengo en el hospital de Cruces los días 7 y 13 de enero.

Son controles rutinarios que he hecho otras veces casi sin problemas, pero esta vez las molestias del lumbago me impedían tomarlos con naturalidad, pensaba si podría ir conduciendo o si debería llamar a Edwin, el chófer que tuve cuando todavía no podía conducir y menudencias por el estilo, así que tras una breve reflexión, he decidido posponer la cita para lo cual he tenido que llamar muchas veces, hoy en día debido a la pandemia rara vez atienden el teléfono a la primera.

He dedicado la mañana a esta gestión que ha resultado fructuosa, a las dos y cinco he recibido la última llamada en la que me confirmaban que las citas serían los días 20 y 27, esta última a las 12:15.

Misión cumplida.

También he llamado al ambulatorio para que mi doctora de cabecera me llamara y me recetara una medicina más fuerte de la que tomo para aplacar las molestias del lumbago, han prometido que me llamarían por la tarde, lo cual ha quedado en el olvido, insistiré mañana, no obstante eso carece de importancia, en cambio, saber que hasta dentro de más de dos semanas no tengo que ir a Cruces me ha tranquilizado muchísimo.

Y por la tarde, en mi tiempo de relajarme, he visto un documental que me ha encantado: Oliver Sacks, my Life, exactamente lo que necesitaba, me ha dado alas para aceptar mi actual situación y eso es el mejor regalo.





No hay comentarios:

Publicar un comentario