martes, 1 de octubre de 2019

DOS MIL NOVECIENTOS VEINTISEIS









Siento no llevar a cabo los propósitos de no hablar del hospital pero no puedo evitarlo, es lo que marca mi vida. 
Además, hay en mis mañanas una parte muy positiva que me anima y que me pone contenta.
Hoy, por ejemplo, me he encontrado con una chica de Bilbao a la que conozco de toda la vida y me he divertido hablando con ella. 
He tenido la sensación de estar en una fiesta en la que había conversaciones interesantes e incluso las enfermeras intervenían.
Después, el ambiente se ha tranquilizado y me he dormido.
Cuando me he despertado ya era la hora de marcharme y me he puesto contenta, me encontraba mejor, dormir me sienta bien, como a todo el mundo.
Otra ventaja que tiene el hospital de día es que todos los que estamos allí tenemos problemas con la sangre, por lo que podemos charlar de nuestras enfermedades con toda tranquilidad, mientras que en la calle a nadie le interesan nuestros asuntos.

También tengo la sensación de que mis hijos están más cariñosos conmigo cuando no me quejo.
El ideal sería intentar estar siempre bien, lo que no es fácil en nuestras circunstancias.













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