sábado, 19 de agosto de 2017

SETECIENTOS CUATRO







De momento todo gira alrededor del atentado de Barcelona.
Hablan de uno solo, pero creo recordar que eran dos.
Dicen que no tienen miedo.
No estoy de acuerdo.

Hace años, el 7 de julio de 2005, hubo un atentado terrorista en el metro de Londres, que me afectó profundamente y sentí miedo.
Mi hijo pequeño estudiaba su carrera de BBAA en Londres y vivía cerca de la estación en la que explotaron las bombas.
Me acuerdo de que estuvimos hablando constantemente.
Yo no me movía del teléfono y mi hijo, a pesar de que es tranquilo y considera innecesario que yo me ponga nerviosa, debió de darse cuenta de mi situación, porque no solo era yo la que llamaba.
Ambos nos estuvimos comunicando hasta que pasó el peligro.
Pasé miedo, mucho miedo.

Supongo que es mejor no tener miedo, puesto que no se puede hacer nada para evitar el terrorismo, ni el de estado ni los otros.
Cuando la violencia se dispara, es muy difícil pararla, se convierte en locura.

A través del tiempo se ha llegado a la conclusión de que las guerras no son la solución para resolver los conflictos.
Ya lo han dicho las sabios y los que no lo son tanto, sin embargo se siguen repitiendo, parece que nos cuesta aprender.

Ayer estuve escuchando la radio, me parece un poco mejor que la televisión, hacen entrevistas a personas que tienen opinión y se atreven a decir algo más que los que solo saben leer una fotocopia, de lo que alguien ha decidido que se “debe” decir.

No es que dijeran nada del otro mundo, pero por lo menos tenían más claro que a bombazo limpio no se arregla nada, que es mejor hablar, negociar.

También estuve atenta a lo que se decía en FB y Twiter y me resultó fuera de lugar lo que pensaban algunas personas que pertenecen al partido político VOX.
Casi me dan más miedo que los yihadistas.

Parece ser que seguimos en el nivel cuatro, ya que el cinco significaría que los militares estuvieran en la calle y no lo consideran conveniente.