jueves, 19 de septiembre de 2019

DOS MIL NOVECIENTOS CATORCE









Parece mentira el poder de sanación que tiene la amistad.

He llegado a casa destrozada.
Hoy era el cuarto día de quimio.
Ya me habían dicho que es acumulativa.
He comido, he intentado descansar pero no podía, no solo me molestaba todo el cuerpo sino que la rodilla derecha que se resiente de la última rotura, gritaba, por lo que me he levantado con la intención de distraerme con el ordenador.
En esas andaba cuando ha sonado el teléfono. 
Era Pizca.
Me ha dicho que tanto ella como Rosalía tenían ganas de verme.
De repente me he encontrado estupendamente y he pasado a buscarlas.
Hemos dado una vuelta en coche y hemos tomado un té.
Después he venido a casa y me siento contenta, con fuerza para afrontar la mañana del viernes y un fin de semana libre.