jueves, 4 de junio de 2020

CUATRO MIL TREINTA Y DOS










Ha llegado un momento en que no estoy dispuesta a soportar el maltrato del Banco Santander.
No es que me lo haya buscado no soy tan torpe, me di cuenta hace mucho tiempo de que no eran amables, de hecho recuerdo que lo comenté con mi hermano Jose y me dijo:

Ese banco es para ricos, tu no les interesas

Así que me fui a otro, he pasado por muchos bancos y casi todos son miserables pero el Santander se lleva la palma.
Ahora estoy porque las circunstancias de la vida así lo han perpetrado pero ya no puedo soportarlo ni un segundo más.
Hasta tal punto estaba furiosa, ni me cogen el teléfono y me refiero a la banca privada que suele tener un trato preferente así que cuando he visto algo que ha comentado Ana Botín en Instagram he aprovechado la respuesta a su comentario para decir lo malo que es su banco.
Como ayer ya puse algo en Facebook y salieron muchos comentarios contando toda clase de vejaciones que habían recibido por parte del personal de esa entidad, le he ofrecido a Ana Botín que si se atreve a saber lo que piensa la gente le mando un copia y pega con todos los comentarios.
Grande ha sido mi sorpresa, cuando he encontrado un texto muy amable en el que alguien, el o la Community Manager presumo, me invitaba a comunicarme con él o ella en privado sin facilitarme el medio.
En vista de lo cual, de momento he decidido desahogarme en mi diario que tanto me acompaña y en el que confío.
Aparte del horror actual que ha sido debido a que no he podido ponerme al día a causa de mi enfermedad y de que he llegado a esta situación por motivos ajenos a mi voluntad, pero ya que estoy metida en el asunto me apetece contar que antes, la última vez que tuve que tratar con esa entidad que no me hacía feliz pero aguantaba, lo que me pasó fue intolerable, hasta tal punto que vendí las acciones y me largué pensando en no volver jamás, ya que entré una mañana con mis dos muletas y le pedí a una chica que por favor me atendiera alguien porque yo no podía estar de pie.
Ella me dijo:

Si, claro, te atiendo yo misma.

¡Ah! bien

contesté encantada dirigiéndome a la silla que estaba delante de su mesa, a lo que respondió en un tono de mando y ordeno:

No, no te sientes, lo hablamos de pie porque es poca cosa.

No, no es poca cosa, yo no puedo estar de pie ni un minuto, tengo muy mal la rodilla y vas a tener que usar el ordenador.

No importa, lo hacemos de pie.

Te estoy diciendo que no puedo estar de pie.

¡Claro que puedes, es un minuto!

Y no cedió, así que me fui a la caja y di orden de que vendieran mis acciones.
Me dijeron que volviera al cabo de unos días y allí fui tan contenta con mis muletas y vi a la chica sentada en su mesa con una expresión expectante sobre lo que yo iba a hacer.
No hice nada porque no tenía fuerza y además tampoco quería que echaran a una persona por mi culpa.
Fui débil, pero por lo menos saqué mis acciones y de momento pude dejar de tratar con ese banco que maltrata a la gente.

El destino quiso que el Banco Pastor se convirtiera en Banco Popular y de ahí pasara a Santander otra vez y ahí empezó mi Vía Cruces, hasta ahora que ha llegado el momento de sacar a la luz todos estos sinsabores que no merezco.




















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