domingo, 21 de junio de 2020

CUATRO MIL CUARENTA Y NUEVE










Desde que suprimí de mi vocabulario y por lo tanto de mi vida, aconsejada por Sofía Rotaeche la palabra "prisa" no solo no me he caído ni una sola vez, sino que además, todo lo que me sucede va a la velocidad del rayo lo que no es fácil dada mi situación.
Estoy saliendo de una leucemia, tengo una rodilla muy deteriorada en la que nadie se atreve a intervenir, estamos en medio de la única pandemia que he conocido en mi vida por lo que soy persona de alto riesgo y sin embargo, todo me sale bien y en el momento adecuado.
Tengo suerte, lo reconozco.
Me pasan cosas pero se arreglan y siempre hubieran podido ser mucho peores.
Estoy muy contenta.
Lo único que no puedo hacer es estar de pie parada, puedo andar pero si me paro se resiente la rodilla y me duele por lo que solo puedo ir a lugares donde ya me conocen y me ponen una silla.
Ayer estuve en el centro comercial haciendo recados y a pesar de que me trataron bien, me cansé y hoy no he salido en todo el día, me duele un poco, así que me iré a la cama temprano para estar mañana en plena forma ya que tengo que solucionar algunos problemillas que requieren mi plena atención.
Estamos solos Jaime y yo.
Beatriz se ha ido a Zahara de los Atunes donde sus amigas tienen casa por allí, van todos los años y lo pasan bomba.
Estaban sonrientes y contentas.
Imagino que encontrandose muy bien puede apetecer moverse un poco tras el confinamiento obligado.
Para mí ha sido una situación interesante, le he sacado chispas, he aprovechado el tiempo y me siento satisfecha, aunque veo que mi defecto fundamental, que es dejarme llevar por los nervios sigue intacto.
Ha recuperado toda su fuerza a pesar de lo dócil y humilde que he sido durante la quimioterapia.
De repente parece que he salido con más fuerza que nunca y mi carácter se ha enfurecido así que ahora ya sé lo que tengo que ejercitar por encima de todo.









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