domingo, 10 de noviembre de 2019

DOS MIL NOVECIENTOS SESENTA Y SEIS









Ayer me equivoqué.
Había quedado para comer en el vietnamita de Las Arenas con Rosa sin espinas, si el tiempo lo permitía.
La verdad es que el tiempo seguía siendo muy desagradable pero aprovechando un claro allí me fui y disfruté charlando con mi amiga, que no de la comida porque mi paladar no responde a los sabores.
Estaba tan animada que después aproveché para ir a la peluquería Jean Louis David, del centro comercial Artea.
Al salir había mucha gente, algo que debo evitar debido a que mis defensas están bajas y llovía a cántaros, lo cual es nefasto ya que voy con la muleta en una brazo y el paraguas en el otro jugándome la vida.
Me di cuenta, una vez más, de que cuando llueve lo mejor que puedo hacer es quedarme tranquila en mi casa y salir solo para ir al hospital, a donde me llevan y me traen y no tengo que hacer ningún esfuerzo ni pasar miedo.
A pesar de que tengo una edad, sigo cometiendo errores, es como si sintiera cierta atracción por el peligro, hay que ser idiota.
Por la noche, ya en mi cama, me perdoné y decidí comportarme con sensatez.
Debido a que la salud es mi prioridad absoluta, hoy no saldré en todo el día por lo que no votaré a pesar de lo que dijo Platón que tanto me afectó:

“Una de las sanciones por negarse a participar en la política es que termines siendo gobernado por tus inferiores.”










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