martes, 17 de septiembre de 2019

DOS MIL NOVECIENTOS DOCE









No me resulta fácil escribir cuando paso las mañanas en el hospital de día con la quimioterapia. 
No solo porque no es agradable lo que me hacen sino porque el ambiente, a pesar de que todo está cuidado y las personas que vamos somos conscientes de que nuestra curación depende del tratamiento, tiene un deje de tristeza del que es imposible desprenderse.
Me gusta hablar con los que se sientan cerca de mí, aprendo, me entretengo y me doy cuenta de mi suerte.

Ayer hablé por teléfono con una amiga que trabaja en el hospital de Gorliz y me dijo que no leía mi diario porque le resultaba demasiado duro.
Puedo entenderlo, por lo que cada día agradezco más a los amigos que me siguen y me animan con sus comentarios, no se pueden imaginar lo que significan para mí. 
Siento que me acompañan en este camino y alivian la dificultad.

Cambiando de tema puedo comentar que estoy viendo una serie de Netflix que me gusta, me entretiene y acapara mi atención. 

Se llama “Creedme”. 







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