martes, 25 de agosto de 2020

CUATRO MIL NOVENTA Y NUEVE









Ya sé que estoy atontada y que he perdido facultades y que me olvido de muchas cosas y también me siento torpe por lo que no me suelo sorprender cuando me doy cuanta, una vez más de que me he descuidado pero hoy me ha pasado algo especial en un tema en el que suelo ser muy cuidadosa.
Está relacionado con las películas que veo.
Siempre las estudio, leo las críticas, veo los trailers, no me fío de las recomendaciones pero hoy he metido la pata de una manera nueva.
Al decir nueva me refiero a que hace cuarenta y cuatro años que se ahogó mi hijo Carlos, el pequeño en aquel momento y desde entonces no he querido ver una sola película en la que una madre perdiera a su hijo y lo mejor de todo es que lo había conseguido hasta hoy.
No entiendo cómo he podido ser tan negligente.
No me lo explico.
Además había leído la crítica sin prestar demasiada atención, tengo que reconocerlo porque venía escrito que la película trataba de eso pero no me he dado cuenta.
Está considerada la mejor película de Isabel Coixet y se llama "Ayer no termina nunca".
He visto casi cincuenta minutos y hasta entonces me he dejado llevar por las imágenes, los diálogos, las magníficas interpretaciones de Javier Cámara y Candela Peña, la ambientación y sobre todo la curiosidad por saber qué pasaba, que les había sucedido a esa pareja, estaba como hipnotizada hasta que lo han dicho sin remilgos y no me ha quedado más remedio que tomar la decisión de dejar la película en la mitad.
No me ha dado la gana de permitir que una película me disturbe, así que me he levantado, la he apagado y he decidido contarlo en mi diario.
Hasta Carmen Posadas anuncia sus clases de escritura creativa diciendo que si escribes no necesitas psicoanálisis.
Estoy de acuerdo con ella en que escribir es terapéutico.
Casi toda acción termina siendo curativa, ayuda a poner orden en la cabeza y en el corazón.









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