viernes, 19 de junio de 2026

SEIS MIL TREINTA Y UNO

 




Viernes de junio caluroso, me encuentro enfrente de mi ordenador con ganas de disfrutar y de participar en las redes, es algo que me encanta.

Intento concentrarme y relajarme conservando mi estado de buen humor, no me resulta fácil, de los vecinos del tercero, yo vivo en el segundo, sale un sonido ensordecedor de algún aparato estentóreo que me obliga a controlar mis ganas de hacer un disparate, aún así me centro, androcanto y sigo como diría Oteiza. 

Ya me ha sucedido algo parecido en otras ocasiones y sigo viva, nunca ha sido el fin del mundo aunque lo presagiara.

En una ocasión semejante llamé al ayuntamiento y no recuerdo lo que me dijeron, todo sigue igual. Supongo que mis vecinos se darán cuenta de lo perturbador que resultan los sonidos que salen de su casa.

Antes, hace mucho tiempo, discutían bastante y también me resultaba desagradable, hasta tal punto que un día que me encontré con la chica hese saber que en mi casa se oye todo lo que sucede en la suya, que ayer había tenido una fiesta de cumpleaños y que sí sucede con todo, está advertida.

Por lo menos ya no discuten, que yo sepa, lo de ahora es peor, no tiene nombre ni apellido, me aguanto y me desahogo escribiendo en mis memorias.




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