Ayer fui a Barcelona para asistir a la conferencia de Prem Rawat; me costó hacer el esfuerzo porque últimamente me he sentido débil, pero gracias a los electrolitos que tomo desde hace unos días, me sentí con suficiente fuerza para dar los pasos necesarios y llegar hasta el Forum y cuando por fin me encontré allí, rodeada de gente que había sentido algo parecido a lo que yo siento cuando me encuentro ante mi maestro, noté que estaba en el sito perfecto, un lugar al que pertenezco, una experiencia inigualable.
Me saludaban algunos que me querían y habían notado mi ausencia durante los últimos años, no sé cuantos pero bastantes, creo que desde la pandemia, ya que en aquella época mi vida consistía en tomar quimioterapia por la mañana y volver a casa, ni siquiera podía ir a la peluquería.
Lo que experimenté ayer fue algo extraordinario, me sentí en el momento llamado ahora, algo tan dulce y profundo que no puede equipararse a ninguna otra sensación.
Disfruté.
Solo podía estar atenta al agradecimiento que por momentos llenaba mi existencia.
Prem Rawat me ha hecho feliz, gracias a Él he conocido la alegría de vivir y así, en esa gratitud que surge desde lo más recóndito de mi ser, agradezco casi con lágrimas en mis ojos, lo que llevo sintiendo todos los días de mi vida desde que cuando tenía treinta y cinco años, le conocí en París, ha sido algo extraordinario, me salvó la vida y lo sigue haciendo cada día.
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