jueves, 7 de julio de 2016

40 Fiesta








Organizar el ático de Marcos no había sido difícil.
Necesitaba tan pocas cosas, que empezó a vivir con lo imprescindible y se encontraba tan a gusto, que no quiso nada más.
Comentó con Berta que le gustaría hacer una fiesta de inauguración. pero como no tenía amigos, había pensado otra cosa.

¿Te gustaría venir a cenar a mi casa?

Si, claro que si.

Bien, pues esa será mi fiesta de inauguración.
Mañana después de la reunión.
¿Te parece bien?

Berta lo pensó y tuvo que decir que no, porque tenía clase de escritura.

Entonces, pasado mañana.
¿Vale?

A Marcos no se le ocurría nada excepto pedir sopitas a su madre, pero eso era lo que menos le apetecía, porque se sentiría obligado a darle explicaciones.
Le gustaba comer pero solo sabía cocinar lo más elemental.

Por más que se devanó los sesos, no consiguió extraer una sola idea buena.
Se metió en internet para ver si encontraba inspiración y lo que más le apetecía era una cena a domicilio que consistía en mariscos con in vino blanco del Rhin.
Lo descartó inmediatamente y sin embargo se le metió en su cabeza con tanta fuerza que solo
pensaba en mariscos con vino blanco y no conseguía separar el vino de los mariscos.

¿Con qué bebida se pueden tomar los mariscos?

Se puso tan nervioso, que llamó a Berta para que le ayudara.
Se había creído que estaba preparado para ayudar a Fernando y en cuanto le vino la tentación, no fue capaz de resolver sus problemas él solito.

Berta, por favor, te necesito.

¿Estás enfermo?

No, algo peor.

¿Puedo pasar a buscarte?
Es importante.

Bueno, iba a ir a la clase pero si es importante, ven.
Te espero en el portal.

Por el tono de voz, Berta se dio cuenta de que Marcos estaba pasando un mal momento.
No le hacía gracia perder la clase de escritura, pero no podía dejar a Marcos en la estacada, justo cuando le pedía ayuda.

Al montarse en el coche, notó que Marcos estaba muy nervioso y le pidió que aparcase.
Salieron del coche y mientras paseaban, le contó todo lo que había pasado por su cabeza, pensando en los mariscos y en el vino blanco.
Creía que ya tenía superado el alcohol y sin embargo, la tentación era tan fuerte que incluso había pensado en darle la sorpresa a Berta.

Estoy loco.
Creo que estoy loco de verdad, porque pensar en hacer que tu recaigas conmigo, es de locos.

Ahora, mejor te callas.
Vamos a analizar el asunto y a tranquilizarnos.

Berta también se estaba poniendo nerviosa.
Tampoco ella se imaginaba que pudieran estar tan verdes, como para que se les pasase por la imaginación a los dos, la posibilidad de recaer.
Justo hacía unos días que se encontraban tan fuertes, que habían adquirido la responsabilidad de ser hermanos mayores.
Tenía razón Marcos, estaban locos los dos.

Espera, dijo Berta, comprendo que si tomamos mariscos, nos va a apetecer el vino blanco.
Pero si pensamos en otro menú, podemos cenar con Coca_Cola o con zumo de manzana, como hacemos otras veces.

Lo que pasa es que a mi se me han metido en la cabeza los mariscos con el vino blanco.

Pues de la misma manera que se te han metido, te los sacas y los cambiamos por otra cosa.
Tal vez lo mejor es que en vez de hacer la fiesta en tu casa, vayamos a cenar a un restaurante bueno, como el día que fuimos a Arzac, yo te invito.

No, yo te invito porque es para celebrar que ya tengo casa y que tu me has ayudado a ponerla.

Parecía que Marcos se tranquilizaba.

Podemos ir al Akelarre de Pedro Subijana.
¿Has estado alguna vez?

No

Te va a encantar, a mi me parece estupendo.
Tiene varias estrellas Michelín.
¿Te apetece?
Si.

Voy a ver si podemos reservar una mesa para hoy.
Ya no puedo ir a la clase de escritura, así que podemos ir a la terapia y después nos vamos a cenar.

Bien.

Berta llamó, pero no había mesa.

Voy a llamar al Mugaritz, que también es sensacional.
¿Te parece bien, Marcos?

Si, lo que quieras pero yo te invito.

Berta hizo las gestiones pertinentes y tuvo la suerte de reservar una mesa para dos, a las nueve y media.

Se dirigieron a la terapia.
Prefirieron no contar que habían estado a punto de recaer.
Algunas personas que no saben lo que supone una recaída en un adicto, piensan que los que no beben nunca ni siquiera para brindar, son unos talibanes.
Cuando se tiene experiencia en el tema, se piensa de diferente manera.

Todo es relativo.

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