lunes, 4 de julio de 2016

38 La voz de la experiencia








A medida que se acercaba el verano, algunos de los asiduos dejaban de ir todos los días y eso hacía que disminuyera el entusiasmo.
Por otro lado, a los que estaban fuertes, se les veía morenos y saludables.

Hasta ahora solo habían oído hablar de los doce pasos.
Debido a que TPA era una especie de sucursal de AA, de vez en cuando invitaban a algún experto para que les fuera guiando.
Llevaba poco tiempo en San Sebastián y todavía no conocían las tradiciones de AA.

Aquel día acudió Perico Echebarría, que era una institución dentro de los que habían hecho AA y a pesar de que había superado su adicción, le gustaba ayudar a los que van llegando, que es lo que indica el paso número doce.
Una de las reglas, es que está terminantemente prohibido hablar de lo que la gente dice en los grupos.
La discreción se respeta con auténtico rigor.
El anonimato es la base espiritual de las Tradiciones y recuerda que hay que anteponer los principios a las personas.
Casi todos habían oído hablar de Perico Echebarría y estaban expectantes.
Sabían que una charla de Perico, por breve que fuera, levantaba el espíritu.
Apareció Perico.
A pesar de que la fama le precedía, les sorprendió aquel hombre fornido, entrado en la madurez, con gran carisma.
Vestía camisa de cuadros remangada, pantalón vaquero y era alto y tieso con aspecto de marino.
Se presentó.

Me llamo Perico Echebarría y soy alcohólico.
Empecé a acudir a un grupo de AA cuando mi vida estaba destrozada.
No solo me encontraba mal físicamente, sino que mi mujer me había dejado, mis hijos no querían saber nada de mi y me echaron del trabajo.
Me permitieron vivir en un piso de acogida, con la condición de que viniera a los grupos.
Accedí.
Al principio recaía constantemente.
No sé cómo fueron capaces de tener tanta paciencia conmigo.
Cada palabra que salía de mi boca era una mentira.

Todos le escuchaban en respetuoso silencio.

A veces, para poder venir sobrio al grupo, solo bebía al salir.
Poco a poco, fui recobrando la lucidez.
Un compañero me dio trabajo.
Empecé a pasar dinero a mi mujer.
Se lo llevaba en mano a la casa, para poder ver a los hijos.
Al ver que me comportaba con normalidad, ellos también empezaron a tratarme bien.
Yo pensaba que estarían avergonzados de mi, pero no era así.

En mayor o menor medida, los que tenían hijos, en algún momento de su vida habían pensado lo mismo.

Pasó el tiempo dejé de beber.
Encontré un trabajo bueno y bien pagado.
Propuse a mi mujer que volviéramos juntos y aceptó.
A pesar de encontrarme bien y tener las cosas claras, seguía yendo al grupo de tarde en tarde.
Ayudaba a mis compañeros.
Mis hijos me respetaban.
Escribí un libro contando mi vida.
Tuvo mucho éxito
Lo tradujeron a varios idiomas.
No es que estuviera bien escrito, pero decían que inspiraba a la gente que tenía problemas con el alcohol.

Ya sé que aquí venís personas con adicciones de todo tipo y que seguís los doce pasos.
Quisiera animaros a que empecéis con las tradiciones.
Os animo a que hagáis un esfuerzo, merece la pena.
Muchas gracias.

Perico Echevarría no había hablado mucho, pero lo que dijo les llegó al alma.
Parecía que había llegado el momento de que alguien hablara y sin embargo todos callaban.
Recapacitaban.
Al cabo de un rato, Perico volvió a tomar la palabra y les preguntó si todos tenían hermanos.
La mayoría no solo no tenía, sino que ni siquiera sabía lo que era.
Perico les hizo ver la importancia de tener un hermano mayor, que se compromete a ayudar a su hermano menor en cualquier circunstancia.
Contó que para él fue uno de los secretos de su curación.

Ahora yo me voy y os aconsejo que antes de terminar la reunión, hagáis el trabajo de los hermanos.
Los que llevan más tiempo se hacen hermanos de los que han venido más tarde.
No lo dejéis.
Es importante.
Vosotros sois los responsables de que este grupo salga adelante.
Tened en cuenta que de la misma manera que os está ayudando a vosotros, puede ayudar a mucha gente que vendrá.
Podéis contar conmigo.
Sara tiene mi teléfono.

Berta recordó el día que Sara reaccionó bastante enfadada cuando Raquel, su hermana pequeña reconoció que había mentido, más bien que había recaído y no lo había dicho en el grupo.
Dedujo que Sara venía de AA y pertenecía a los fundadores de TPA.
Sara era un mujer muy activa en el grupo.
Asistía todos los días y ayudaba a que todo se desarrollara con orden.
A veces era ella quien leía los doce pasos.
Raquel había tenido suerte de que Sara fuera su hermana, ponía interés en ella y la miraba con cariño.

Aquel día, al salir de la reunión Berta comentó con Marcos lo que pensaba.

Tenemos suerte de haber caído aquí.

Marcos no contestó.

¿Qué opinas, Marcos?
¿No estás de acuerdo?

Estoy tan de acuerdo que me emociono.
No sé qué hubiera sido de mi si no llego a venir aquí.
Empiezo a creer en ese poder superior del que hablan los pasos.


Y así, dando gracias a ese poder, que era la primera vez que mencionaban, se retiraron a sus respectivas casas.

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