sábado, 2 de julio de 2016

37 Nicole








Aunque solo se veían una vez a la semana, Berta y Nicole habían llegado a tener una bonita complicidad, no solo a través de la escritura, sino que también solían tomar algo juntas, antes o después de la clase.
Así, como quien no quiere la cosa, se contaban sus secretos y poco a poco adquirieron confianza.
A Nicole le gustaba divertirse.
Era joven y guapa.
No tenía hijos.
Se casó muy joven y al poco tiempo se separó.
Se dio cuenta de que la vida de casada no era para ella.
Le gustaba demasiado la fiesta como para estar pendiente de un solo hombre, habiendo tantos chicos guapos en el mundo.
Comprometerse no era su fuerte.
A veces se dejaba engatusar por algún guaperas bien vestido, pero en cuanto se daba cuenta de sus lagunas intelectuales, le dejaba en la cuneta.
A Nicole le gustaba reírse, salir y entrar, escribir y actualizar su blog.
Tenía una pequeña tienda de ropa francesa muy cara y así podía permitirse el tren de vida al que aspiraba.
Era feliz.
Tenía talento para escribir.
Su educación francesa le hacía brillar no solo en los textos que escribía, sino en los comentarios que hacía en la clase.
Era culta sin que se le notase.
Su voz era tan ligera, que aunque citara a Cicerón, parecía que hablaba de Astérix.
No era pedante ni repipi.
Berta estaba tan contenta con su nueva amiga, que le confió su relación con Marcos.
Nicole la escuchaba con atención y se reía, ya que le parecía que se lo tomaba demasiado en serio.
En la mentalidad de Nicole resultaba fuera de contexto dar tanta importancia a un romance.
A Berta le venía bien escuchar sus carcajadas, que quitaban hierro a lo que para ella era un mundo.

Tu misma me has confesado que no es tan perfecto.
No solo te medio engañó, sino que te demostró que es un pusilánime.
Además, salir con él no significa que te tengas que casar.
No tiene tanta importancia.

Berta la miraba sorprendida, al ver con qué alegría daba la vuelta al tema que tanto le preocupaba.

En esos casos, lo mejor es tener otra persona que te guste, para no obsesionarte con el mismo.
¿No tienes a nadie que te divierta, aparte de Marcos?

Berta lo pensó y no le quedó más remedio que reconocer, que había puesto todos los huevos en la misma canasta, lo cual es un error.
Y lo sabía.

No importa, dijo Berta tranquilizándola, ya encontraremos algo para arreglarlo.
Ahora vamos a la clase que si no, llegamos tarde.

Nicole tenía el don de alegrarle la vida a Berta, por lo que entró en la clase encantada de la vida y leyó tan bien su texto, que todos la felicitaron, incluida la profesora.
Al salir, Nicole le propuso ir a tomar una copa a un bareto al que ella iba a menudo y Berta aceptó.
Cuando Nicole le preguntó qué quería tomar, Berta se dio cuenta de que todavía no le había contado que no bebía, así que contestó “una Coca_Cola”.
Nicole pidió un gintónic.
Se notaba que Nicole conocía a todo el mundo, pero nadie se acercaba porque ella marcó que estaba acompañada.
Este tipo de comportamientos los conocen bien las personas que acostumbran a salir.
Les dejaron tranquilas un buen rato que ellas dedicaron a comentar los pormenores de la clase y pronto llegaron los amigos de Nicole.
Presentó a todos y se sentaron en la terraza.
Berta se sintió cómoda con ellos y contenta de conocer gente normal.
Para ella la palabra “normal” significaba gente que parecía no tener problemas.
Después de tomar dos Coca-Colas, Berta quiso marcharse.
Se despidió y dejó a los nuevos amigos cada vez más alegres.
Hay una barrera infranqueable entre beber y no beber.

Creo que ha llegado el momento de contarle a Nicole que no bebo y así no tengo que andar con secretos,
pensaba Berta al meterse en la cama, esperando que el sueño la llevara a otros mundos.
Pero lo que me aconseja sobre Marcos no es mi estilo.
No soy ese tipo de persona que sale con dos hombres a la vez.
No soy una frívola.

Y con estos pensamientos se durmió, orgullosa de haber dejado el alcohol.

Esa noche Berta tuvo pesadillas, que le recordaron los tiempos en que salía con Jose María y bebía.
Al despertarse y comprobar que había sido un sueño y que aquella época estaba superada, dio gracias al cielo por lo bien que se encontraba y lo ordenada que era su vida.
Dedicó la mañana a resolver asuntos que habían quedado pendientes del ático de Marcos y al mediodía fueron juntos a comer al macrobiótico de Intxaurrondo.
Berta estaba interesada en este tipo de alimentación y le había hablado a Marcos, que mostró interés y quiso probarla.
Durante la comida Berta le contó lo poco que sabía sobra la macrobiótica y después de comer, al comprar algunos productos ecológicos en la tienda del local, les explicaron un poco más sobre el equilibrio entre el yin y el yang.
Ahora que ambos no fumaban ni bebían ni se drogaban, había llegado el momento de poner cuidado en la alimentación.
A los dos les vendría bien.
También compraron dos libros de Osawa para leerlos al mismo tiempo y poder comentarlo.

Berta echó la siesta, empezó el libro que recordaba haberlo leído hace tiempo y se entusiasmó recordando las maravillas de la macrobiótica.
En su ajetreada vida había pasa por múltiples etapas y en una de ellas en la que había dejado las droga,s había estado en Saint Gaudens, Francia, en Cuisine _Santé, donde estudió y practicó la macrobiótica.
Le sentó tan bien que al volver a San Sebastián siguió haciendo ese tipo de alimentación, hasta que recayó.
Ahora consideraba que había llegado el momento de volver otra vez, aunque no lo hiciera de manera estricta, porque sabía lo difícil que es cuando se come fuera a menudo.

Pero había sido una buena idea recordarlo.

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