miércoles, 29 de junio de 2016

36 Algunas novedades








A pesar de que sus padres eran  discretos y sabían que Marcos era muy suyo, la madre, al enterarse de que había alquilado una casa, no pudo contenerse y le dijo que tenía muebles y vajillas que podían servirle.
Marcos, que estaba contento pensando en que harían todo entre Berta y él, se puso nervioso y le dio una contestación en tono desagradable, por lo que tuvo que disculparse.
Mencionó a Berta y la madre tergiversó sus palabras, de tal manera que le hizo pensar que Berta era su pareja.
Hasta entonces, la había presentado como una amiga, que en realidad es lo que era, pero ahora todo estaba confuso y no supo qué decir.
Se sorprendió del tono en que había hablado a su madre y más todavía de las consecuencias que tuvieron sus palabras.
Por un lado quería deshacer el entuerto, pero al mismo tiempo, le gustaba la idea de que su madre pensara que Berta era su pareja.
Prefirió no hacer nada, dejar las cosas así.
Esperaba que su madre hubiera comprendido que no quería que se metiera en sus asuntos, sobre todo en lo relativo a la casa.
Tenía auténtico interés en organizarla con Berta.


Por su parte, Berta no quería dejar de lado su rutina y esperaba sacar tiempo para todo.
En realidad, aparte de seguir estando al tanto de sus hijos y de llevar la casa, lo que más la ocupaba era la escritura, en la que ponía un interés genuino.
Además de escribir sus textos, tenía que leer.
La profesora insistía tanto en la necesidad de leer para poder escribir, que Berta leía no solo los libros recomendados en la clase, sino que también le gustaba leer lo que a ella le apetecía, siempre que no fueran bestsellers.
Reconocía que a veces se había dejado llevar por los libros fáciles, sabiendo que eran una pérdida de tiempo que no conducen a nada.
Sin embargo, desde que acudía a las clases, se daba cuenta de que merece la pena hacer un pequeño esfuerzo y leer buena literatura, eleva el espíritu.

Sonó su iPhone.
Era Marcos.

Berta ¿podemos vernos?
Tengo que comentarte algunas cosas.

Si, claro, yo también tengo que hablar contigo.

Al encontrarse, Berta notó algo raro en Marcos.

¿Qué te pasa Marcos?

Tal vez Marcos hubiera preferido no tenerle que contar el altercado que había tenido con su madre, pero Berta se lo preguntó de tal manera, que no le dio tiempo a pensar en nada y le dijo la verdad.

Berta se quedó callada.
No lo esperaba y en el fondo de su corazón, se alegró de que sin haber hecho nada, las cosas hubieran dado esa vuelta, y no sabiendo qué decir, siguió andando al lado de Marcos y así llegaron al bar del hotel Londres, donde se sentaron en la terraza mirando la playa de la Concha.

Ahora soy yo el que pregunta ¿qué te pasa Berta?

Sigo pensando en la conversación que has tenido con tu madre.
¿Por qué no le has dicho que te ayudo en la casa porque somos amigos?

No lo sé, ha sido un malentendido, pero en el fondo había algo de verdad.
Creo que lo que yo siento por ti, es algo diferente a la amistad.

Berta le miró con cierta ternura, sin querer mostrar lo que pensaba.
Marcos le cogió la mano con delicadeza y preguntó.

¿Qué piensas Berta?

Ante una pregunta tan directa, Berta se sintió en la obligación de responder.

No lo sé.
Tengo miedo.

Lo entiendo.

Marcos recordó lo que había pasado con Lola y pensó que Berta desconfiaba.

Se mantuvieron en silencio mientras tomaban el café y al terminar fueron al ático, para ver lo que tenían que hacer.
La casa estaba en un estado perfecto para saber que había llegado el momento de decidir el estilo de la decoración.
Berta comenzó a anotar en su iPhone las cosas que se necesitaban para empezar a vivir.
Le habló a Marcos de un video que había visto en FB, sobre una tendencia japonesa que lleva el minimalismo hasta sus últimas consecuencias.
De hecho, se lo enseñó en el iPhone.
Marcos se quedó fascinado.
Decidió que eso era exactamente lo que quería en su vida.
Se trataba de gente que vivía con el mínimo de objetos.
Cada pieza se cuida con esmero y tiene múltiples utilidades.
En vez de pensar en acumular objetos, se hace lo contrario.
Berta lo había interiorizado hasta tal punto, que incluso lo llevaba a cabo en los textos que presentaba en las clases de escritura.
Intentaba llegar al extremo.
Es una filosofía extraída del zen.

Marcos estaba entusiasmado.
Era exactamente lo que deseaba para su nueva vida en solitario.
Comentó con Berta, que antes de tomar decisiones sobre lo que iba a comprar para su casa, prefería estudiar con calma cómo vivían en Japón esa tendencia, y en cuanto centrara su cabeza tomaría notas.

¿Quieres hacer este trabajo conmigo?

Berta dijo un si rotundo, ya que ella se encontraba en las mismas.

De hecho ya he empezado a deshacerme de lo que me sobra, aunque mi circunstancia es diferente a la tuya porque cuando vengan mis hijos en vacaciones, no quiero que les falte de nada.
Tu lo tienes fácil.
Tiene que se estupendo empezar a vivir en el vacío.

Entonces vámonos.
Quisiera que vieras una película extraordinaria.
Se llama “El chacal de Nahueltoro”, es chilena y está basada en un hecho real.
Es una obra maestra.
Yo la he visto varias veces y cada vez que la vuelvo a ver, me emociona.

¿Está en internet?

Si.

Entonces podemos ir a mi casa.

Marcos le explicó que “El chacal de Nahueltoro” es una película que pertenece al nuevo cine latinoamericano que rompe con los antiguos métodos cinematográficos y mezcla nuevos conceptos.
A pesar de tener una identidad propiamente chilena, abarca algo tan profundamente humano, que su interés resulta universal.
Ha sido vista en escuelas de cine, como en espacios comerciales causando gran desasosiego.
Berta escuchaba con interés todo lo que Marcos le decía.
La película produjo en ambos tanto tema de conversación que se quedaron charlando hasta las tantas.

Al despedirse Marcos la besó tímidamente en los labios y salió corriendo.

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