sábado, 25 de junio de 2016

35 El ático







Berta tenía una facilidad asombrosa para resolver problemas.
La había desarrollado cuando se separó y tuvo que ocuparse de todos los asuntos, lo que no era fácil con su madre en contra y teniendo que responsabilizarse de sus hijos.
Bien es verdad que tenía los asuntos financieros resueltos y así todo resulta más fácil, pero no todo el mundo tiene la suerte de dar en la diana, cuando busca algo determinado.

Decidida a ayudar a Marcos, lo primero que se le ocurrió fue mirar en internet, pero se dio cuenta de que necesitaba hablar con él, para aquilatar algunos detalles imprescindibles, antes de empezar la búsqueda.
No le hacía gracia molestarle durante las horas de trabajo, así que le mandó un mail preguntándole cuánto dinero estaba dispuesto a pagar y si prefería que la casa estuviera vacía o amueblada.
A los cinco minutos recibió la respuesta de Marcos, en la que le decía que no quería pagar más de mil euros y que preferiría que la casa estuviera vacía.
Con esos datos, Berta empezó a trabajar.
Descartó la parte vieja, el Antiguo y Gros, o sea que solo puso interés en Amara.
Llamó a un teléfono en el que ofrecían un ático en la calle San Martín, de 60 metros cuadrados recién renovado, vacío, con ascensor y calefacción de gas ciudad,  por el que pedían 1200 euros al mes.
Le gustó todo lo que le contaron, empezando por la voz de la señora con la que habló, que le pareció educada y amable.
Quedó en pasar a verlo dentro de media hora.
Estaba cerca de su casa y de la casa de los padres de Marcos.
Respecto a los doscientos euros que se salían del presupuesto, Berta pensó que intentaría que los rebajaran.
Confiaba en su poder de persuasión.
Le encantó todo, la casa, la dueña, el sitio, las vistas, la distribución, en fin, había dado en la diana.
Lo único que no resultó como Berta había imaginado, fue lo de los doscientos euros.
Parece ser que algún entendido la había tasado en ese precio y no estaba dispuesta a ceder.
Berta llamó por teléfono a Marcos y quedaron en el Centro Café del mercedo de san Martín, para comentar los pormenores del ático.
Cuando llegó Marcos, encontró a Berta sentada en la terraza ocupada con su iPhone.
Estaba muy excitada con el piso y Marcos tuvo que tranquilizarla.
Ante todo, quiso decirle lo del precio y Marcos no se inmutó.
Si realmente era tan estupendo como Berta aseguraba, le parecía bien pagar un poco más de lo que había pensado.
Berta estaba deseando que Marcos lo viera, pero era  la hora de comer y no le pareció oportuno molestar a la dueña, por lo que se fueron a comer al asador Txokolo en la calle Manterola.
Lo bueno de vivir en esa zona es que, salvo excepciones, se pude ir a todas partes andando.
Durante la comida toda la conversación, se centró en el ático.
Había desaparecido la chispa que bailó en el aire el día anterior.
Berta, como arquitecta que era, se entusiasmaba ante la idea de distribuir los espacios y Marcos
tenía un sentido teatral.
Ambos congeniaban y antes de llegar al postre, ya habían decidido la distribución de la casa en la que a pesar de ser pequeña, Marcos podría tener un estudio para desarrollar sus aficiones cinematográficas.
Tomaron café con la intención de alargar el tiempo y a las cuatro en punto, llamaron a la dueña para ver si podía enseñarles la casa.
Accedió.
Llegaron en un santiamén.
A Marcos le encantó y estaba dispuesto a firmar el contrato lo antes posible, para que le entregaran la llave y empezar a movilizarse.
No pudo firmarlo porque el notario estaba ocupado, pero la dueña, viendo que era gente de fiar, le dio la llave.

Salieron encantados y Marcos cogió la mano de Berta y le dijo muy serio:

Ahora que ya me has encontrado la casa tengo que pedirte otro favor.

Berta le miró, preguntándose qué querría ahora.

Comprenderás que yo no tengo ni idea de montar una casa.
Quise que estuviera vacía, porque soy bastante maniático y tengo un gusto peculiar, pero no tengo ni idea de por donde se empieza a organizar una casa.

Te entiendo.
Quieres que te ayude.

Si, me gustaría que la pusiéramos entre los dos.

Puedo echarte una mano, pero no sé qué estilo te gusta.
Tu ya has visto mi casa y sabes que soy minimalista.

Precisamente.
He visto tu casa y me encanta, por eso me gustaría que colabores conmigo, porque solo quiero tener lo imprescindible para vivir.
Nada superfluo.

Pasaron por el garaje de Berta, cogieron el coche y se fueron a la terapia.
Marcos estaba tan contento que a pesar de que no solía ser muy charlatán, aquel día quiso hablar.

Me llamo Marcos y soy alcohólico.
Estuve casado mucho tiempo con una mujer de la que estaba muy enamorado y pensé que estaría con ella toda la vida, pero no fui capaz de comportarme y me dejó.
Me falló mi sueño de ser director de cine y empecé a beber.

Hablaba despacio y tenía la mirada dirigida al infinito, como si le costara recordar algo que estaba lejano.

El alcohol no solo destrozó mi matrimonio, sino a mi mismo y a todo lo que formaba parte de mi vida.
Me convertí en un zombi.
Vine a San Sebastián sin demasiadas esperanzas de recuperarme.
Mis padres me acogieron.
Pasé un tiempo sin salir de casa.
Cuando me encontré algo más fuerte, empecé a venir aquí y ni siquiera ha pasado un año y ya me siento recuperado.
Tengo trabajo y pronto iré a vivir por mi cuenta.
A veces tengo pesadillas cuando duermo y al despertarme, me maravillo al comprobar lo bien que me encuentro.
Me habéis ayudado y os lo agradezco.

Marcos era parco en palabras, no obstante había conseguido expresarse y todos eran testigos del cambio que había experimentado.
Aplaudieron.
El grupo siguió con cierta sensación de optimismo ambiental, algo que solía suceder, cuando alguien hablaba de lo bien que se encontraba.
Elevaba el espíritu del grupo.
Sabían que Marcos había hecho un esfuerzo.
Al salir, Berta y él se fueron a tomar un café, como de costumbre.
Permanecieron callados.
Ambos sabían que algo estaba pasando entre ellos, pero ninguno se atrevía a manifestarlo.
Berta le acercó a la casa de sus padres e hicieron algún comentario sobre el ático, dejando de lado el tema que tenían pendiente.

Ahora, el ático era el protagonista de sus conversaciones.

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