viernes, 24 de junio de 2016

34 Reviviendo el pasado







Al meterse en su cama y recordar lo que había contado en la terapia, Berta se sentía valiente por haberse superado a si misma.
Ahora comprendía que era el miedo lo que le había obligado a refugiarse en la heroína.
Desde muy pequeña, tanto en los colegios de monjas como en su casa, a través de la religión católica, le habían inculcado tanto miedo al infierno, a ofender a Dios y al pecado, que solo la idea de atreverse a pensar en tomar sus propias decisiones, le aterraba.
Berta dudaba entre hacer caso a su propio razonamiento, o al temor que su madre le infundía.
Hasta que se separó de su marido, pensaba que corría peligro si se salía de las coordenadas impuestas.
Así llegó a tener cuatro hijos, a pesar de que cuando nació el primero se pegó tal susto, que tomó la determinación de no volver a quedarse embarazada.
No obstante, dado que su marido consideraba que tenía derecho a utilizar el cuerpo de su mujer cada vez que se le antojaba, y que no estimaba adecuado utilizar métodos anticonceptivos, la vida hizo con ella lo que le pareció adecuado, hasta Berta se plantó y dijo:

Hasta aquí hemos llegado.
¡Basta ya!

Y tomó las riendas de su vida.
No es que acertara en sus decisiones, pero por lo menos se erigió en protagonista de su vida y dejó de ser un títere, cuyos hilos eran movidos por su madre y su marido.
Empezó a sentirse libre por primera vez en su vida, teniendo que superar el miedo a esa madre autoritaria, obediente a la iglesia y a sus despropósitos.
Repasaba aquella época de su vida que se presentaba dichosa, hasta que se durmió plácidamente entre las sábanas de hilo que utilizaba en verano.

Al día siguiente tenía clase de escritura, lo que significaba que no asistía a la terapia por lo que Marcos la llamó para invitarle a comer en el asador Portuetxe, que todavía no lo conocía.
Berta le había hablado de ese maravilloso lugar, que forma parte del patrimonio histórico de San Sebastián..
Situado en Igara, era un caserío que tenía más de cuatrocientos años y fama de tener una cocina excelente.
Desde que trabajaba y ganaba dinero, Marcos quería celebrar todo el tiempo su buena suerte y aunque todavía no había encontrado el apartamento deseado, se consideraba una persona feliz.
Tenía interés en estar con Berta todos los días.
A pesar de que la relación seguía siendo amistosa, se encontraban tan a gusto juntos, que no podían vivir el uno sin el otro.

Berta pasó a recogerle a casa de sus padres.
Marcos la estaba esperando en el portal.
Ya tenían la mesa reservada en Portuetxe.
Realmente era un lugar con historia.

En cuanto les trajeron las Cocacolas light que tenían por costumbre tomar en el aperitivo, Marcos tomó la palabra:

Berta, te voy a pedir algo y por favor, no me digas que no.

No tengo intención de negarte nada de lo que me pidas.

Tengo auténtico interés a que me ayudes a buscar un apartamento.
Me estoy volviendo loco.

A Berta le entró la risa.

¿Acaso no recuerdas que me ofrecí a ayudarte, en cuanto me hablaste de tus planes de independencia?

Me acuerdo perfectamente y por eso hago todo este montaje de venir a comer aquí, porque me siento avergonzado de no haber aceptado tu oferta.

No pasa nada.
Te ayudaré encantada y seguro que encontraremos algo que se ajuste a tus necesidades.

Gracias queridísima, me quitas un peso de encima.
También quiero comprarme un coche, pero de eso puedo encargarme.

Trajeron lo que habían pedido para picar.
Txipirones a lo “Pelayo” que es una de las especialidades de la casa y jamón de bellota.

Hincaron el diente y durante un rato se mantuvieron callados, pero enseguida Berta quiso saber los detalles.
Estaba deseando empezar a trabajar en la búsqueda.

Lo primero que necesitamos saber es la zona en donde quieres vivir.

Me gustaría vivir cerca de la catedral del Buen Pastor para estar cerca de la casa de mis padres, porque supongo que iré a comer con ellos la mayoría de los días.

En esa zona no hay casa modernas y mucho menos un apartamento.

Tampoco me importa que esté más lejos, pero lo que sí quiero es poder ir andando.

¡Ah! Bueno, eso ya es otra cosa.

Les trajeron el rape.
Berta cogió los cubiertos de pescado y cuando bajaba los ojos dispuesta aatacarlo, Marcos interrumpió su concentración y le dijo:

Berta, tengo que decirte que me siento muy a gusto contigo.
No sé que sería de mi si no te tuviera en mi vida.

Gracias Marcos pero no exageres, algún día encontrarás una mujer con la que tendrás una relación de verdad.

Marcos se quedó pensativo.
Al cabo de un rato, dijo muy despacio:

La única mujer que existe en mi vida eres tu y en cuanto a tener una relación de verdad, es un tema que está pendiente.

Berta siguió luchando con su rape, mientras su corazón se ponía a demasiadas revoluciones por minuto.
Se atragantó.
Bebió agua y trató de relajarse con disimulo.

No hablaron hasta que llegó el postre, melocotones asados regados con calvados, que estaba delicioso y lo comentaron.
Ambos estuvieron callados en el regreso a casa.

En condiciones normales hubieran tomado un café en algún bar del centro, pero ninguno mostró interés en hacerlo, por lo que Berta depositó a Marcos en la casa de sus padres y le dijo que empezaría esa misma tarde a buscarle apartamento.

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