jueves, 23 de junio de 2016

33 Politoxicomanía







Berta había llegado a la conclusión, de que la mayoría de los problemas que había tenido durante toda su vida, se habían debido a su manera de relacionarse con los hombres.
Era incapaz de respetarse a si misma cuando se enamoraba o cuando creía estar enamorada, es decir, siempre.
Se comportaba como una esclava, sumisa y servil.
Su matrimonio con Javier y lo que aprendió de su madre, fueron los causantes de que se creara en ella una especie de miedo a hacer lo que quería cuando estaba con su marido o con cualquier hombre, por lo que llegó a la conclusión, de que lo mejor era prescindir de relaciones amorosas.
Pero todos sus propósitos se desvanecieron, cuando llegó a la terapia y Marcos la saludó sonriendo, mirándola de una manera especial.
Su decisión se derritió y una sonrisa iluminó su rostro, dulcificándolo.
A sus cincuenta años Berta estaba espléndida.
Había adquirido cierta seguridad en si misma por primera vez en su vida y eso repercutía en su aspecto físico.
A pesar de los excesos, la última temporada se había cuidado tanto, que no solo estaba guapa, sino que al dejar de tomar alcohol, se había deshinchado y se le había quedado un cuerpo precioso.
No solo había mejorado físicamente, sino que desde el punto de vista emocional, a pesar de sus últimas divagaciones sobre Marcos, había madurado.
Al saludar a Natalia con un gesto, notó que le contestaba con seriedad, dedujo que no le había hecho gracia que se fuera con Marcos, sin invitarle ni darle explicaciones.
Son gajes del oficio.
Empezaba a darse cuenta de que las últimas semanas, desde que había empezado a pensar más en ella misma que en los demás, la gente reaccionaba.
La vida social exige un comportamiento sujeto a unas reglas, que Berta no estaba dispuesta a acatar.

Su vida no había sido fácil.
Salir de internados y empezar la vida de mujer con un matrimonio desgraciado, es un mal comienzo.

Lo había pasado mal y quiso hablar.

Me llamo Berta y soy politoxicómana.

Hasta ahora se había presentado como alcohólica, pero había llegado el momento de reconocer sus otras adicciones.

Antes de caer en el alcohol, tuve serios problemas con la heroína.
Antes de hacer PH estuve en el frenopático de Elizondo, donde me hicieron una cura de sueño que me tuvo dormida cinco días, con sus respectivas noches.

Se calló, le costaba hablar.
Tal vez era la primera vez que iba a contar algo que tenía escondido y no quería recordarlo.

Pasé mes y medio allí.
Volví fuerte y contenta.

Pronto recobré mi vida normal y aunque me sentía un poco desconcertada por el cambio que se había operado en mi, parecía que todo iba bien.
Me encontré con un buen amigo, en el que tenía depositada mi confianza y le conté lo bien que me encontraba.
Él, sin embargo, había recaído.
Agustín, que es como se llamaba, a veces me había dicho que yo le gustaba y cosas por el estilo, pero yo no sentía nada por él y estaba claro que nuestra relación era solo de amistad.
Sin embargo, aquel día él estaba muy colocado y empezó a decirme lo bien que se encontraba y despertó en mi tanto interés, que deseé colocarme.
Así que compré caballo y me pinché.
Cuando ya estaba puesta, Agustín volvió a la carga con lo de querer estar conmigo y yo me puse chulita y le dije:
Vale, vamos a la cama.

Berta calló, cerró los ojos y comenzó a llorar.
Los demás esperaron a que se recuperara.
Era evidente que le costaba recordar aquel episodio.
Se tranquilizó, abrió los ojos, se secó las lágrimas y continuó.

Agustín era una persona que desde muy joven había estudiado metafísica y había pertenecido a diferentes escuelas esotéricas.
Aquel día, practicó el sexo tántrico(1) del que decía ser un experto y a mi no me gustó nada, ni él, ni esa práctica, así que, en medio del asunto me levanté, me duché y me marché.
Todo resultó un lamentable error, cuyas fatales consecuencias me llevaron a una recaída, de la que salí haciendo PH.
Un incidente de mi vida del que no quiero acordarme.
Ahora me siento mejor.
Muchas gracias por haberme escuchado.

Gran aplauso.
Berta sonreía complacida.
Se había quitado un peso de encima.
Todos eran conscientes de lo que se siente cuando se vive sin secretos.

Al salir, Beltrán se le acercó y le dio un abrazo.
Le dijo que le estaba agradecido, porque con ella aprendía.
Es necesario ser valiente para liberarse de los asuntos aplazados.
Y es gracias a dar esos pequeños pasos que la terapia funciona, no solo para el que habla, sino para el conjunto del grupo.
Marcos se acercó a ellos y les propuso tomar un café, así que los tres fueron al bar y siguieron hablando de Agustín.
Estaban intrigados con ese amigo de Berta que se había portado como un auténtico cabrón, a pesar de presumir de evolucionado.
Berta les contó que se había muerto hacía poco de cáncer de pulmón, como tantas personas cercanas a ella, que todavía fumaban.
Ella había dejado de fumar, cuando se dio cuenta de que su vida estaba en peligro.
Tosía tanto, que no le quedó más remedio que hacer otro esfuerzo, del que todavía se siente orgullosa.
Vivir sin fumar supone un gran cambio en la vida de una persona.
No solo se trata de dejar una dependencia, sino que se eliminan los desagradables olores del tabaco y se recupera el sentido del gusto y del olfato.

A pesar del interés que Beltrán y Marcos mostraron en conocer los pormenores de Agustín, Berta no tuvo ganas de seguir hablando de él, simplemente les dijo que se había enfadado con ella y ni siquiera quiso despedirse cuando se estaba muriendo.
Las vidas de los toxicómanos casi siempre son excesivas.

Berta dejó que Beltrán y Marcos hablaran entre ellos para que se fueran conociendo.
Consideraba que podía ser una relación beneficiosa para ambos.



1_ El sexo tántrico constituye un completísimo método que involucra a todos los sentidos, trasladándose a un plano que se extiende más allá del mero acto carnal.

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