miércoles, 1 de junio de 2016

24 La segunda clase









Tenía clase de escritura y le hacía tanta ilusión que salió de casa antes de tiempo.
Entró en una barcito para tomar un té.
La profesora había hablado de la importancia de Madame Bovary de Flaubert y Berta lo metió en el bolso.
Lo había leído hacía tiempo y al ordenar la biblioteca lo encontró.
Tuvo suerte, porque estaba en francés.
Se sentó en una mesita y sacó el libro.
Estaba tan concentrada en la lectura, que no se dio cuenta de que había entrado una chica a la que había visto en la clase el primer día.
Se acercó a su mesa y la saludó.
Le preguntó si podía sentarse con ella y Berta accedió encantada.
Cerró el libro y se presentaron.
Se llamaba Nicole.
Sus padres eran franceses, pero habían vivido en San Sebastián desde que se casaron, o sea que ella era donostiarra.
Hablaron bastante y sin darse cuenta, llegaron a la conclusión de que las dos habían ido al colegio de Miracruz.
Haber recibido la misma educación crea lazos indestructibles, por lo menos eso es lo que creen las niñas de la Asunción.
Ambas eran de la misma edad, sin embargo no habían coincidido o por lo menos no se recordaban.
Nicole era encantadora y también estaba divorciada.
Casi sin que se dieran cuenta, llegó la hora de la clase y tuvieron que darse prisa para llegar a tiempo.
La profesora seguía un método que a Berta le pareció acertado.
Al principio leía fragmentos de libros.
Consideraba imprescindible que los alumnos conocieranlos textos de los clásicos en profundidad.
No concebía que alguien quisiera escribir sin haber leído el Quijote.
Era nueva y se notaba que carecía de experiencia.
Se dio cuenta de que a la gente le costaba leer a Cervantes, así que por lo menos les recomendó que leyeran el de Trapiello.
Como nadie lo leía, empezó a leer ella un trocito cada día.
Así se aseguraba de que los alumnos supieran de qué se trataba.
Los que habían escrito algo, lo leían por orden de llegada.
Berta prestó atención a los que leían sus textos.
Le impresionó la diversidad.
Una chica leyó una especie de soneto.
Había estudiado Filología en Salamanca y poseía cierta facilidad para emular a Petrarca.
Lo único que respetaba eran los dos cuartetos y los tercetos, pero los versos no eran endecasílabos.
Parece ser que los poetas modernistas se permiten ciertas licencias.
A la profesora le gustó la idea de que se atreviera con un soneto, aunque se saliera de las normas.
Un señor con pinta de artista, con una melena blanca muy bonita, dijo que había escrito el primer capítulo de una obra de teatro y que le gustaría que le ayudaran con los personajes.
Eran cuatro, dos hombres y dos mujeres.
Había hecho fotocopias.
En seguida dos chicos y dos chicas se prestaron a cooperar.
A pesar de que no estaba ensayado, resultó muy divertido.
Todos los textos se comentaban, cada uno daba su opinión y por último, la profesora daba la suya, que solía ser bastante más interesante que las del resto.
No se le escapaba nada.
A Berta le parecía mentira que fuera capaz de sacar tanto jugo a textos tan cortos.
A ella todo le parecía estupendo.
Nicole y Berta habían llegado las últimas, por lo que no les dio tiempo a leer, pero no les importó, porque la clase había sido entretenida e interesante.
Berta estaba realmente contenta con la decisión de haberse apuntado al taller de
escritura.
Salía de la clase encantada, con ganas de sumergirse en la literatura como lectora y como escribidora.
Había encontrado una actividad que le permitía expresarse.
La arquitectura le gustaba pero nunca se atrevió a trabajar como profesional.
No tuvo el coraje para hacerlo.
Tal vez si en vez de casarse tan joven hubiera seguido estudiando, podría haberse metido en un estudio y trabajar en equipo, pero jamás habría sido capaz de montar su propio despacho.
No se veía a si misma como una Zaha Hadid (1).
Se conocía lo suficiente para saber que sin tener un talento excesivo, era lista y a pesar de la cantidad de lagunas que había en su vida, se sentía capaz de recuperar el tiempo perdido.
Veía a los hombres con cierta distancia.
Podía prescindir de ellos.
Tenía la sensación de que llevaba las riendas de su vida, lo cual le producía una satisfacción desconocida hasta ahora.

Ya no tomaba café con Marcos al salir de la terapia.
Desde que estuvo antipática con él, se habían distanciado.
Marcos quiso explicarle lo que le había pasado con Lola, pero Berta no quiso saberlo.
Ya no tenía ganas de escuchar las historias de pareja.
A veces se quedaba un rato con Beltrán.
Veía que el chaval estaba haciendo un esfuerzo porque su situación no era agradable.
En las primeras conversaciones le había confesado que era homosexual y su padre no le aceptaba.
En PH no permiten acusar a las circunstancias de ser toxicómano, pero la verdad es que a veces las situaciones familiares son tan difíciles, que se entiende que la gente busque una salida.
A Berta le resultaba agradable estar con Beltrán, hablaban el mismo idioma aunque sus circunstancias fueran diferentes.
Berta era una persona abierta.
No se fijaba en la edad de la gente sino en el feeling y con Beltrán se sentía a gusto.
Lo mismo le había pasado con Marcos, pero le pareció tan feo que hubiera estado saliendo con Lola sin decirle nada, que le cogió manía.
Sabía por experiencia que los amigos vienen y van.
De momento estaba tan ocupada con la escritura y la lectura, que no tenía tiempo ni siquiera de ver las películas que Marcos le había recomendado en su día.
Además, hay que tener en cuenta que desde que dejó el alcohol no le apetecía ir a los bares, que es donde se encuentra la gente.
No le preocupaba su vida social, solo quería ponerse fuerte y sentirse segura para no volver a caer en ninguna adicción.




1_La arquitecta, nacida en Bagdad, ganó el Pritzker en 2004 y construyó una carrera con todo en contra.

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