miércoles, 25 de mayo de 2016

18 Cine, buen cine








El cine era unos de los temas principales en las conversaciones y Berta aprendía a disfrutarlo de una manera no solo diferente, sino más interesante que cuando era una mera espectadora.
También procuraban ir al cine de vez en cuando y sobre todo, Marcos le recomendaba que viera películas en casa, para poder comentarlas al día siguiente.
Así, poco a poco Berta iba supliendo carencias.
Veía ciclos completos de directores, de los que ni siquiera había oído hablar.
Al principio no le apetecía, lo hacía solo por complacer a Marcos, pero a medida que se iba adentrando en ese mundo fascinante, empezaba a ser capaz de apreciar y distinguir no solo el buen cine, sino el que a ella le gustaba en particular, lo que significa que empezaba a conocerse a si misma y a respetarse.
Le impresionó Rainer Werner Fassbinder.
Había visto todas sus películas, lo cual es como ir a clase, porque cada película era comentada al día siguiente con toda clase de detalles.
A veces Berta se cansaba, porque aunque le gustaba el cine, no tenía preparación para seguir a Marcos que era un erudito.
Poco a poco Marcos se iba entusiasmando, recordando lo que había significado el cine para él, durante una parte importante de su vida y ya que estaba en San Sebastián que era su ciudad, pensó que podría hacer un buen trabajo en el festival de cine.
No había olvidado nada de lo que significa el buen cine y aunque tenía lagunas de los años que estuvo ausente de sí mismo, pensó que de la misma forma que Berta se ponía al día con el cine de los años setenta, él podría dedicarse una temporada a visionar las películas de los últimos años.
Así lo hizo.
Lo comentó con Berta y casi todos los días, cuando terminaban la reunión se iban a casa a de Berta, que tenía una organización magnífica para ver toda clase de películas con una calidad excelente.
Marcos estaba encantado.
Parecía un niño con un juguete nuevo.
Hasta tal punto estaba contento, que a pesar de su orgullo, tuvo el valor de comentar con su padre la idea de presentarse para trabajar en el festival.
Sin decirlo con claridad, eso significaba que le estaba pidiendo que si conocía a alguien que pudiera echarle un cable, sería estupendo.
No es fácil conseguir un trabajo tan goloso, si no eres conocido y Marcos
había estado fuera mucho tiempo
Tenía un buen currículum de su trabajo en la productora madrileña y cuando se despidió a causa de la depresión, le hicieron una carta de recomendación extraordinaria.
Nadie dudó nunca de su capacidad y conocimientos cinematográficos, pero no tuvo el coraje de forzar algunas situaciones y dejaba que otros, tal vez con menos preparación que él, pero más intrépidos, consiguieran llegar más lejos, mientras Marcos, un hombre de excesiva sensibilidad, se quedaba en la puerta sintiéndose un desgraciado.
Así empezó su decadencia, pero ahora Marcos era un hombre nuevo.
La enfermedad, la terapia, la sobriedad y la amistad con Marta, le habían enseñado a confiar en sí mismo.
Su padre comprendió que su hijo iba a necesitar que le echara una mano.
Tomás Aramburu, reconocido empresario donostiarra, quizás por primera vez en su vida, escuchó a su hijo con interés y decidió ayudarle.
Conocía al actual director del certamen y no le costaba nada darle un toque, para que por lo menos haga una prueba a Marcos.
Tenía  suficiente poder como para decirle al director que colocara a su hijo, pero sabía que si algún día Marcos se enteraba, no se lo perdonaría por lo que prefirió simplemente sugerirle que su hijo se iba a presentar y que le tratara con deferencia.

Tan pronto como tuvo la ocasión le llamó por teléfono:

Soy Tomás Aramburu, quisiera hablar con el director.

Al oír ese nombre tan familiar, la secretaria le dijo sin vacilar:

Si señor Aramburu, ahora mismo le paso.

Efectivamente, al cabo de unos segundos ya estaba Beloki en el otro lado.

¡Hombre Tomás! ¡Que sorpresa!
¿En qué puedo servirte?

Entre ellos era habitual hacerse favores.
Jugaban al golf en Jaizkibel y no era la primera vez que se ayudaban mutuamente.

Hola Beloki, tengo algo personal y me gustaría comentarlo contigo.
No sé si sabes que mi hijo Marcos ahora vive aquí y le gustaría trabajar en el festival de cine.
Estudió cinematografía y ha trabajado siempre en una productora de Madrid.
Solo quiero que le hagas una prueba.

Beloki contestó enseguida:

Ningún problema.
Que mande su curriculum y le llamará mi secretaria.
Ya tienes mi mail.
Me acuerdo de que Marcos cuando era pequeño hacía piras para ir al cine.
Seguro que encontraré algo para él.

Tomás Aramburu respiró.

Muchas gracias Beloki, es un tema importante para mi.
Beloki era uno de esos padres patriarcas que se preocupaba de saber cómo les iban las cosas a sus hijos, a pesar de que todos eran mayorcitos.

Ya te entiendo, los hijos son lo primero.
Te dejo, que estoy muy ocupado, ya sabes, lo dicho, que mande su CV y nos pondremos en contacto con él.

Tomás casi no tuvo tiempo para darle las gracias.
Beloki era un hombre muy ocupado y en cuanto supo para qué le llamaba, dio por terminada la conversación.
Era un ejecutivo.
Hacía.
No perdía el tiempo.

Tomás Aramburu se sintió dichoso de poder ayudar a ese hijo, de quien tan alejado había estado siempre.
Entró en casa y Marcos no había llegado todavía.
Estaba en casa de Berta.
Justo ese día estaban viendo la primera parte de Ninphomaniac.
Una película importante en el filmografía de Lars Von Trier.
Habían decidido que verían la película completa que dura más de cuatro horas, pero después de ver la primera parte, estaban tan impresionados que se quedaron charlando y Marcos llegó tarde a casa más tarde de lo habitual.
Habían cenado, pero su padre se había quedado en el salón.

Hola Marcos, te estaba esperando.
Tengo buenas noticias para ti.

A Marcos le sorprendió, eso no era habitual, su padre no hablaba demasiado y mucho menos en plan personal.

¡Ah si!
Te escucho.

Se imaginaba que sería algo relacionado con el tema del trabajo.

He hablado con Beloki, el director del festival y me ha dicho que le mandes tu CV.
Te he mandado su mail al tuyo.

Marcos estaba encantado.
Eso era un paso importante.

Muchas gracias padre, de verdad te lo agradezco.
A ver lo que encuentran.
La verdad es que yo, con tal de trabajar, me conformaría con cualquier cosa.

Su padre había cumplido su misión y estaba satisfecho.
Por alguna razón que nunca se había planteado jamás se había inmiscuido en los asuntos de sus hijos.

Ya esta hecho.
Ahora ya sabes lo que tienes que hacer y después, esperar.

Su tono duro y poco cariñoso no impresionó a Marcos.
Era habitual.


Buenas noches.

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