sábado, 21 de mayo de 2016

Capítulo 16 Un mal rato







A partir del día en que Berta y Marcos se quedaron charlando después de la terapia, adoptaron la costumbre de hacerlo todos los días, a no ser que hubiera algún impedimento.
Se sentían cómodos y entre ellos no tenían que fingir.
Ambos reconocían que eran débiles.
Marcos hacía una vida muy tranquila.
Se limitaba  a dar un paseo por la mañana y por la tarde echaba la siesta, leía un poco y
acudía a TPA.
A la salida se quedaba un rato con Berta, y antes de las diez ya estaba en casa para cenar con sus padres, que estaban contentos porque veían que su hijo mejoraba.
No se puede negar que estaba triste, porque la separación de Laura le afectaba y el cambio de vida también, pero la sensación de sentirse mejor físicamente y no probar el alcohol, le producían una sensación desconocida y muy satisfactoria.
Sus padres estaban contentos.
Su madre le cuidaba sin ser demasiado pesada.
Poder hablar con Berta era un regalo caído del cielo.
Hacía mucho tiempo que no tenía un amigo con quien expresarse libremente.
Durante los últimos años de su convivencia con Laura, habían dejado de salir juntos y ya casi ni siquiera hablaban entre ellos.
En realidad Marcos no hablaba más que lo imprescindible en el trabajo.
Había perdido la capacidad de comunicarse.
Sin embargo, poco a poco se fue soltando, hasta tal punto que una vez pasados los primeros días, en los que se limitaba a escuchar y era Berta la que llevaba el peso de la conversación, empezó a interesarse por la arquitectura, tema preferido de Berta y solían quedar por la mañana para ver los edificios emblemáticos de San Sebastián, empezando por el Kubo de Moneo, que le pareció muy interesante.
Hasta tal punto se iban sintiendo cómodos, que llegó un momento en el que Marcos empezó a hablar de su relación con el cine, lo cual había sido un tema tabú durante años.
Le contó sus aspiraciones, sus ilusiones rotas, sus frustraciones, su empeño en llegar a lo más alto sin pasar por los escalones inferiores, cómo no había sido capaz de ser humilde y se había entregado al alcohol para no afrontar la realidad.
Hasta entonces no había tocado el tema del cine con Berta.
A Berta le encantaba el cine como espectadora y le propuso que podían ir a ver La última película de Almodóvar que la estaban poniendo en los cines de La Brecha.
Quedaron a las cuatro y media para tomar un café y después ir a la sesión de las cinco.
Berta llegó la primera  a la cafetería y grande fue su sorpresa al encontrarse con Lola Zuloaga a quien hacía tiempo que no veía.
Se dieron un abrazo y enseguida apareció Marcos, que era muy puntual.
Berta les presentó.
Lola estaba muy guapa.
Se había puesto el pelo rubio y le favorecía.
Era evidente que era mucho más joven que Berta y Marcos no fue ajeno a su belleza.
También se notó que a Lola le pareció que Marcos era un hombre guapo, a pesar de su deterioro.
En un momento en que Marcos se fue al otro lado de la barra para pagar los cafés, Lola le preguntó a Berta si Marcos era su novio, a lo que ella contestó que era un amigo.
Es verdad que Berta consideraba que Marcos era un amigo.
Hasta entonces, no había querido plantearse lo que Marcos significaba para ella.
Estaban tan unidos, que no hacía falta cambiar las cosas.
Sin embargo, al darse cuenta del interés de Lola por Marcos y del modo en que Marcos la había mirado, sintió el aguijón de los celos clavado en su pecho.
Se puso muy nerviosa.
Trató de disimularlo pero no lo conseguía por lo que se fue al cuarto de baño, en donde se puso todavía más nerviosa todavía, al darse cuenta de que les había dejado solos y posiblemente estuvieran intercambiando los teléfonos.
Hizo lo que pudo para serenarse.
Dijo que ya era la hora de ir al cine.
Lola ya había visto la película y se despidió de ellos, comentando que ya había quedado con Marcos para quedar y tomar algo en otro momento.
Como tenían planeado, fueron a la TPA después del cine y al salir, Berta dijo que se iba porque estaba cansado.

Llegó a su casa en un estado de nervios incontrolable.
Hacía tiempo que no se encontraba tan fuera de si.
En un momento se había dado cuenta de que estaba enamorada de Marcos y de que a él le había gustado Lola.
O sea, que Marcos no sentía nada por ella.
Se tomó dos Orfidales y se metió en la cama.
Pasó una noche infernal y al despertarse por la mañana no tenía ganas de nada, pero se propuso hacer todo lo que tenía pensado para ese día y olvidarse de lo que sentía por Marcos.

No le resultó fácil, pero lo hizo.
Al salir de la terapia fueron a tomar un café como de costumbre y Marcos le preguntó por Lola, mostrando cierto interés.
Berta no tuvo más remedio que reconocer que casi no la conocía y le contó el viaje que habían hecho siguiendo la pista de Gehry, así como lo incómoda que se había sentido estando con gente “normal”.
Marcos le dijo que Lola no era tan “normal” como aparentaba.
No es que él fuera un gran psicólogo, pero estaba seguro de que esa chica escondía una carta debajo de la manga.
Se había dado cuenta desde el principio.
Era una impostora.
Además de tener la cara desfigurada por la cirugía plástica, su modo de saludar y su simpatía, eran ficticios.
También a él le pareció joven, guapa y simpática, pero a medida que le iba mirando se iba dando cuenta de que todo en ella era falso.
Berta le miraba incrédula.
No solo porque ella no había reparado en nada de lo que Marcos le contaba, sino porque se le quitaba un peso de encima, al saber que las miradas constantes que tanto le habían preocupado, no tenían nada que ver con el tipo de interés que ella creía.
Respiró satisfecha.
Aún así, Marcos dijo que le gustaría saber lo que escondía, por lo que le gustaría que quedaran algún día si a Berta le apetecía, para descifrar el enigma.
Berta no estaba muy segura de que le apeteciera, pero dijo que cualquier día le llamaría.

A partir de ese encuentro Berta empezó a pensar en Marcos de otra manera.
Le gustaba verle en la TPA y daba por hecho que eran amigos y que él no quería entrar en una relación.
Estaba demasiado ocupado consigo mismo y no conseguía olvidar a Laura, con quien hablaba de vez en cuando.
Laura seguía sola, pero le había asegurado que no quería volver con él.
Lo tenía muy claro.




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