martes, 19 de abril de 2016

Capítulo 9 ¿Alguien está peor que yo?








Apareció en TPA un toxicómano con aspecto de chulito, mientras se le caía la baba del mono que tenía.
Era más joven que Berta y Natalia, pero a ellas eso no les importaba.
Ese día no habló en el grupo, no obstante al salir se acercó a ellas y les dijo con cierta delicadeza, que le gustaría invitarles a tomar algo en algún bar cercano.
Como buenas compañeras dispuestas a ayudar siempre, aceptaron.
Se sentaron en una mesita y el chico, de quien todavía ni siquiera sabían el nombre, se ocupó de traer tres mostos.
Hizo todo con soltura, se notaba que tenía costumbre de estar con gente.
Se sentó y lo primero que hizo es presentarse:
Me llamo Gonzalo Satrústegui.
Natalia dijo su nombre y lo mismo hizo Berta.
Gonzalo les contó que había empezado Proyecto Hombre en Bilbao, pero lo había dejado y al volver a San Sebastián, había recaído.
Como todavía no estaba muy fuerte, aunque lo costaba mucho esfuerzo, pensó que en TPA podría volver a la vida sana.
Natalia y Berta le escuchaban con el mismo interés que ponían en el grupo, o quizá más, porque la verdad es que Gonzalo era un chico muy guapo, bien vestido, educado y con una voz grave que se metía hasta el tuétano.
Su mujer le había dejado porque estaba harta de su adicción.
No podía vivir con él en ese estado, a pesar de que estaba muy enamorada.
A él no le importó demasiado, porque la heroína le llenaba completamente, con razón dicen que es el mejor amante.
Sin embargo, ahora que estaba limpio y se había instalado en casa de sus padres, la echaba de menos y tenía la intención de recuperarla en cuanto se sintiera sano y capaz de trabajar.
Por lo menos, esas eran sus ilusiones.
Se notaba cierto nerviosismo en su manera de hablar, lo que es natural estando todavía muy reciente su último consumo.
Por lo menos no bebía alcohol y se veía que estaba limpio y aseado.
Solo necesitaba unos cuantos días sin consumir, asistiendo a TPA para ponerse en orden.
Por lo menos, eso pensaban las chicas o quizá es lo que deseaban.
Cuando terminaron los mostos y Gonzalo les propuso tomar otra ronda, contestaron que tenían que irse, le dieron las gracias, le dijeron que contara con ellas si tenía ganas de hablar, intercambiaron los teléfonos y de despidieron hasta el día siguiente.

Al irse hacia casa en el Mercedes negro de Berta, Natalia comentó:

Me ha encantado este nenito.

No me extraña, replicó Berta, es un yogurín, pero lo único que tiene son problemas.
No nos conviene ni a ti ni a mi, además es un jovenzuelo.
Te voy a recordar, por si se te ha olvidado, que en cuanto te limpias un poco, lo primero que te apetece es una pareja, pero eso no significa que sea lo que nos convenga, sino todo lo contrario.

¿Por qué dices eso? 

Le increpó Natalia sin querer dar crédito a sus palabras.

Porque como tu bien sabes, yo hice PH hace tiempo y allí aprendí lo que es una auténtica terapia para tóxicos.
Se supone que durante el tiempo que dura la terapia, unos dos años más o menos, necesitas todo el tiempo para estar pendiente de ti misma.

Natalia no estaba dispuesta a someterse a semejante tortura.

Pero si ya no me meto nada y necesito distraerme ¿por qué no voy a poder salir con un tío?

Nunca había hecho una terapia fuerte y su mentalidad era la de una adolescente.

Ya irás viendo, interrumpió Berta, que a medida que te ocupas de ti misma y empiezas a conocerte y a llevar las riendas de tu vida, vas sintiendo algo muy profundo que viene de tu interior y del esfuerzo que estás haciendo y te llena de satisfacción.
Tu y yo todavía llevamos poco tiempo en TPA y tus circunstancias han sido tremendas, te costará superar todo lo que te ha sucedido, por eso, con más razón, necesitas concentrarte en ti misma.

Ya habían llegado al portal de Natalia, por lo que Berta paró el coche e hizo ademán de querer seguir su camino, pero Natalia le pidió por favor que apagara el motor, que necesitaba contarle algo importante.
No es que Berta tuviera ganas de prolongar la conversación, pero Natalia era su amiga y necesitaba hablar, así que hizo lo que le pidió.
Cuando todo quedó en silencio y Natalia vio que Berta tenía toda la atención puesta en ella, dijo los siguiente:

Quiero contarte lo que pasó aquellos días que estuve sin ir a TPA y sin dar señales de vida.
Me sentía tan hundida que pensé que era imposible salir de ese pozo oscuro.
Me consideraba la persona más desgraciada del mundo, necesitaba descansar.
Convertí en polvo las pastillas de una caja de Orfidal y las metí en el zumo de naranja.
Estuve tres días sin darme cuenta de nada.
No sé si estaba dormida o medio muerta o como un zombi, porque solo recuerdo que cuando me desperté un poco y abrí los ojos, todo a mi alrededor estaba mojado, yo empapada y las sábanas tan sucias y malolientes que no sabía qué hacer, porque no tenía fuerza para levantarme.
No me acordaba de nada, así que me di la vuelta y seguí durmiendo, hasta que pasó otro tiempo, no sé cuánto, esa vez ya solo respiré aliviada al dame cuenta de que estaba viva, de que había estado muy cerca de la muerte y que no quería morirme.

Berta la miraba y escuchaba sus palabras mientras el corazón le latía como si fuera a estallar.
Le costaba dar crédito a lo que su amiga le decía.

Quería vivir, quería disfrutar de la vida, quería cuidarme, quería la luz y la alegría.
Quería salir de ese pozo y quería hacer todo lo que estuviera en mi mano para conseguirlo.
Me levanté de esa especie de estercolero en que se había convertido mi cama, me acerqué al cuarto de baño arrastrándome, dando gracias al cielo por haberme devuelto la vida.

Berta estaba muda.
Natalia hizo una pausa y siguió hablando.

Cuando conseguí reponerme un poco, lo primero que hice es limpiar mi cuarto y echar a la basura las sábanas que habían sido testigos de aquel horror.
El hecho de haber vuelto a la vida, me llenó de alegría y al escuchar tu mensaje en el contestador, sentí que la vida estaba de mi lado y desde entonces, con el antidepresivo y la TPA, ya no me siento la persona más desgraciada del mundo.
Solo quería que lo supieras y darte las gracias, porque eres un ángel para mi.

Berta no sabía qué decir.
Estaba consternada y aliviada al mismo tiempo.
Contenta por haber sido de ayuda para su amiga.
Se despidieron con un abrazo sintiéndose más unidas que nunca.


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