sábado, 26 de marzo de 2016

Novela_ El esfuerzo precede a la satisfacción_Capitulo 1 Existe la esperanza

















Berta Salazar se encontraba en tal estado de impotencia, que estaba convencida de haber tocado fondo.
No podía seguir así.
No le quedaba más remedio que tomar una determinación, para lo cual tenía que tranquilizarse y usar la cabeza.
Asistía a un grupo de TPA (1)  y una compañera que habló, le hizo ver que siempre existe una manera de salir del pozo, por muy profundo que sea.



La chica contó lo siguiente:







Me llamo Raquel y soy masoquista. 



Me casé con un hombre muy violento, que me pegaba cada vez que hacía el amor con él y eso me excitaba.

Hasta entonces, no había encontrado a nadie con quien tener una relación sado masoquista.


Todos los hombres con los que había salido, me trataban con mucha ternura y me aburría en extremo.
Cuando conocí al que más tarde sería mi marido, notó lo que yo deseaba y no tardó en hacerme disfrutar como jamás habría imaginado.
Hacíamos el amor de todas las maneras posibles.

Él se contentaba con maltratarme y yo con que lo hiciera.

Nos sentíamos tan unidos que nunca nos separábamos, ni de noche ni de día.
Encontramos maneras de disimular mis moretones y cuando tuve que ir al hospital con un brazo roto, él me llevó y estuvo muy cariñoso conmigo, le contó al doctor que me había caído en la cocina.
No me sentía avergonzada de la vida que llevaba, pero tampoco me apetecía ver a mis padres ni a mis 
amigas, ni que se enteraran de lo que hacía.

Vivíamos encerrados en casa.
Pedíamos lo que necesitábamos por internet y casi siempre era Ramón el que abría la puerta cuando traían los pedidos.
La película “El club de la lucha” nos entusiasmó y nos estimuló para seguir haciendo lo que llamábamos “nuestros juegos”.

Me sentía feliz.
No sé si estaba enamorada de él o me engañé, pero cuando me propuso que nos casáramos, no lo dudé.
Mi respuesta fue inmediata.


Me sentí en la obligación de comunicárselo a mis padres, así que llamé a mi madre para decirle que me iba a casar civilmente, sin invitados.
La noté enfadada porque había estado mucho tiempo sin dar señales de vida y se enfadó doblemente 
cuando le dije lo de la boda, así que me dio lo que yo consideraba suficientes motivos para colgar el 
teléfono sin dar explicaciones.
Durante un tiempo intentamos bajar la intensidad de los golpes, para que yo tuviera buen aspecto el día de la boda.
Ramón encontró dos “hechos polvo” en un bareto de mala muerte a los que ofreció dinero por hacer de testigos.
Les dijo que se pusieran una camisa limpia, una chaqueta, una corbata y que sacaran brillo a los zapatos.
En cuanto firmaron en el registro, les dio 50 euros a cada uno y les mandó a paseo.

Es posible que nos hubiera apetecido hacer un viaje de novios, pero dadas nuestras aficiones 
decidimos quedarnos en casita, donde teníamos un cuarto insonorizado, para que yo pudiera expresarme sin temor a que mis gritos nos delataran.

No sé que mosca le picó a Ramón, que en cuanto se convirtió en mi marido, cambió por completo.
En vez de utilizar la violencia cuando hacíamos el amor que tanto me excitaba, hizo todo lo contrario.
Por la mañana me despertaba dándome una paliza, que me dejaba en la cama para el resto del día, inmovilizada.
Me vigilaba para que no pudiera hablar por teléfono.
Se encargaba personalmente de hacer la comida y todo el trabajo de la casa.
A veces tenía que llevarme en brazos a la cocina y obligarme a comer, porque yo estaba en tal estado que no podía ni andar.
Él me lavaba, me ponía Betadine en las heridas y Trombocid Forte en los hematomas.
Me confesó que me había engañado para que me casara con él.

Al notar que me gustaba el masoquismo sexual, pensó que le vendría bien para hacer lo que a él le gustaba de verdad, que era ser sádico con las mujeres en el día a día.
Nunca había conseguido que ninguna de sus antiguas parejas se casara con él, ya que le abandonaban en cuanto veían que era un hombre agresivo.
Me encontraba muy mal, no tenía fueras para tomar decisiones y en una ocasión que intenté llamar a mi madre, descubrió que había cogido el celular y me dio tal paliza que perdí el conocimiento.
No podía seguir en ese estado.
Escribí cuatro papeles con el siguiente texto:

Por favor, llama al 016 y di que venga la policía al nº 17 de la calle Granados, que fuercen la puerta si no abren. 
Mi marido me ha dado una paliza y no puedo moverme.


Los doblé y los tiré por la ventana.
A las dos horas se presentaron dos policías.
Ramón abrió tranquilamente la puerta, pensando que sería el pedido del supermercado.
Con gran corrección, preguntó qué deseaban y los policías, a pesar de que tanto la casa como mi marido les hizo tan buen efecto que pensaron que sería un broma o una equivocación, preguntaron por la señora de la casa.
Ramón dijo que no podía recibirles porque estaba en la cama con un cólico nefrítico y no se encontraba bien.
Los policías insistieron en verla y cuando Ramón les pidió la orden judicial, se dieron cuenta de que había algo raro, por lo que entraron a saco y llegaron a mi cuarto, donde me vieron en un estado tan lamentable, que llamaron al hospital para que enviaran una ambulancia, esposaron a Ramón y ahí terminaron mis desdichas, por lo menos, las físicas.

Cuando salí del hospital me trajeron a un piso de acogida en ésta ciudad, para que Ramón no pudiera encontrarme, ya que mientras no llegue el juicio, él está libre y mi vida peligra.
De momento mi vida consiste en venir al grupo para ordenar mis ideas y vivir en el piso con otras mujeres que están en situaciones parecidas a la mía.
Me he restablecido de los golpes y las palizas, pero echo de menos a Ramón.
Tango un lío tremendo en mi cabeza y aunque estoy mejor, soy muy desgraciada, no sé si alguna vez podré curarme de mi misma, que en definitiva soy la que me hago el daño.

Cuando Raquel terminó de contar su historia, se creó un silencio imposible de romper.
Todos estaban impresionados y eso que lo que contaban los demás, no eran pequeñeces.
Berta se quedó lívida.
Se daba cuenta de que ella misma tenía que tomar una decisión.
No es que la vida actual de Raquel fuera digna de envidia, pero admiraba su fortaleza para haber logrado salir de una situación tan espantosa.
Lo difícil ahora es quitar a Ramón de su cabeza.
Berta sabía que su caso, aunque diferente, también iba a tener secuelas de apego.
Por lo menos estaba acudiendo a TPA donde encontraba ayuda, amigos de verdad y cierta tranquilidad.






1_ Terapia Para Adictos: es una confraternidad internacional, multilingüe y multicultural sin fines de lucro fundada en California a finales de los años '40.

No hay comentarios:

Publicar un comentario